Mafia III: la valentía que casi hunde una saga

Por Matías Guala (@matias_guala)

La saga Mafia tenía algo que muy pocos juegos lograron: no competía con la espectacularidad… competía con la atmósfera.

  • Mafia: The City of Lost Heaven *fue una revelación en 2002.
  • Mafia II se volvió casi de culto en 2010 por su estilo, personajes y momentos cinematográficos.

Cuando anunciaron Mafia III en 2016, la comunidad entera se prendió fuego:
nueva ciudad, nueva época, nueva historia… y la promesa de un salto de calidad enorme.

Los trailers prometían intensidad.
Los comunicados hablaban de riesgo narrativo.
Las entrevistas reflejaban ambición.

Pero el día del lanzamiento… llegó la pared.

Los bugs, los fallos, la repetitividad y la IA prácticamente inexistente, no tardaron en aparecer


Los jugadores empezaron a sentir que algo —algo muy grande— no estaba funcionando como debía.

Y aun así, yo no pude —ni quise— soltarlo.

Porque detrás del ruido… había algo que valía la pena explorar.


Lincoln Clay: cuando el juego te agarra por el cuello

Lo primero que hace Mafia III no es explicarte nada.

Te tira directo a la historia.

Lincoln Clay vuelve de Vietnam.
No sabemos todo de él.
No entendemos del todo por qué se siente tan quebrado.
Pero sin embargo… lo sentís.

El recurso del estilo documental —esas entrevistas en el futuro durante todo el juego— funciona como un bisturí:
abre heridas, anticipa tragedias, te prepara sin prepararte.

Y de pronto estás ahí:

  • El robo a la Casa de la Moneda…
  • La persecución en lancha, nitro, adrenalina pura…
  • El estallido de tensión con la policía…

La historia te agarra, te estira, te traga.

Y cuando estás cubierto, esperando el último ataque policial…
flashback.

Corte a pasado.
Historia.
Contexto.
Y vuelta otra vez al caos.

Ese ida y vuelta estira la angustia hasta un punto que muy pocos juegos logran.

Y cuando parece que el gran golpe va a ser el inicio de algo mejor, llega el cachetazo.

Sal Marcano aparece “como amigo”, con su hijo Giorgi para repartir el botín.
 Brindan.
 Prometen futuro.
 Todo parece bajo control.

Y en segundos, todo se derrumba.

Giorgi le dispara a Lincoln a quemarropa.
 Sal Marcano ejecuta a Sammy sin dudar, ese hombre que te rescató de una muerte segura luego de encontrarte abandonado cuando eras muy pequeño.
 Y antes de irse, prenden fuego el bar.

Ese lugar que era refugio, hogar, mesa compartida, se convierte en un infierno literal.
 Y es ahí —no antes— cuando el juego cambia de clima para siempre:

Ya no se trata de dinero.
 Ya no se trata de negocios.

Se trata de venganza.

De dolor.

De arreglar cuentas con quienes te arrebataron todo.

Y como jugador, la bronca se contagia.


3) Cuando el juego se repite… y repite… y repite

Después de esa explosión narrativa, Mafia III pisa el freno, pero de manera sumamente exagerada y no vuelve a acelerar igual.

El mundo se abre.
Las misiones se multiplican.
Pero todo se basa en lo mismo:

  • Debilitar territorios
  • Eliminar operaciones
  • Repetir el ciclo una y otra vez

Y ahí aparece otro problema que termina de quebrar la experiencia:
no solo repetís lo mismo… sino que el mundo no responde como debería.

Los bugs no son “curiosidades graciosas”. Son fallas que rompen la inmersión:

  • Enemigos que quedan atascados entre paredes, cajas o puertas
  • Patrullas que no reaccionan por más que pases al lado y armado hasta los dientes.
  • Tipos que huyen sin sentido cuando si atrapás al líder… incluso si son 10 contra vos
  • Subir la dificultad solo hace que los disparos quiten más vida… pero no mejora la inteligencia de los enemigos

Y cuando eso se combina con misiones calcadas una tras otra, termina apareciendo esa sensación amarga:

“Podría haber estado mejor… mucho mejor”.


4) Un juego valiente, que intentó correr antes de aprender a caminar

Porque Mafia III no solo busca acción.
Busca decir algo.

Te enfrenta con:

  • Racismo explícito
  • Denigración social
  • Rechazo constante
  • El peso de un pasado violento

No es cómodo.
No es bonito.
Pero es valiente.

El juego quiso dar un paso enorme:
contar una historia humana, compleja, dura.

Y eso, de por sí, ya es raro en un videojuego de acción.

Sin embargo, esa narrativa profunda quedó parcialmente enterrada bajo:

  • Mecánicas repetitivas
  • IA que no acompaña
  • Bugs frustrantes

Una historia poderosa… con un cuerpo jugable que no estuvo a la altura.


5) Cuando la saga tembló… y volvió

  • Mafia III * no solo dividió a los jugadores.
    Golpeó fuerte a la saga.
    Y a la industria.

Muchos pensaron que era el fin de Mafia.
Que una franquicia que había empezado con tanto alma…
se había estrellado contra sus propias ambiciones.

Y pasaron 8 largos años.

Ocho años hasta que, finalmente, llegó:

👉 Mafia IV: The Old Country llegó en 2024…, pero esa es otra historia, Si tenés ganas de conocerla, te invito a hacerlo en este mismo canal —porque es la continuación natural de lo que Mafia III empezó, titubeante y valiente.


6) Lo que me deja, como gamer +40

Vuelvo a Mafia III y no siento resentimiento.
Siento una mezcla rara.

Siento un juego que quiso crecer más rápido de lo que su cuerpo aguantó.
Siento riesgo. Siento coraje.
Siento errores. Muchos.

Pero prefiero un juego que se anima y falla,
a uno que repite sin alma.

Mafia III casi funda una nueva etapa…
pero también, casi funde a sus creadores

Y esa enseñanza —cruda, imperfecta—
termina siendo tan valiosa como la historia misma.

Porque la ambición sin pulido se paga caro…
pero la cobardía creativa se paga peor.

Y yo, al menos, prefiero quedarme con ese intento.


Nota en versión podcast por ACÁ:

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