Una computadora y 4 decepciones

Todavia recuerdo el viaje en taxi hasta Pompeya. Un sábado de Junio de 1985 a la mañana, un dia frio, era el único dia que mi mamá estaba libre, que no trabajaba y que había negocios abiertos. Viajábamos desde la sucursal de Frávega en Flores, habíamos ido a buscar una Drean Commodore 64 y terminamos comprando lo que mi mamá podía pagar en ese momento, una Drean Commodore 16. La pagó en Flores, pero la retiramos en Pompeya. Tuvimos que esperar. Impaciencia de un adolescente que ansiaba abrir la caja y poner en marcha una computadora, mi primera computadora.

Todo fue mágico. El olor a nuevo, las bolsitas transparentes, el manual del usuario. Sacarla de la caja y ponerla sobre mi escritorio, frente a un televisor Sony blanco y negro. Tuve que improvisar un cable de antena, el conector no coincidía, canal 3 o 4, pero había mas ganas que impedimentos.

Encenderla y ver la imagen por primera vez. Aprender. Devorar las paginas del manual, para ver que era capaz de hacer. Sensaciones únicas que en el futuro intentaría repetir en múltiples ocasiones, sin siquiera estar cerca de ese momento singular y efímero.

Hasta ahí el sueño y la magia. A partir de ese punto, todo fue en bajada.
Me acuerdo de haber estado toda una mañana tipeando un programa del manual.
Acostumbrarme al teclado y a los simbolos especiales. Cometer errores de tipeo y volver a copiar la linea. Terminar por fin y ejecutar. RUN. RETURN.

El primer programa que copié del manual era un juego de dados. Muy rudimentario pero que servia perfectamente para aprender algunos comandos de un lenguaje BASIC muy generoso y flexible.
En ese momento exacto fue cuando me enfrenté a la primera decepción. Cada vez que apagaba la maquina, tenia que tipear de nuevo el programa. Claro, habiamos comprado la Commodore 16 sola, sin nada más.
Entendí a mis 15 años la importancia de un dispositivo de almacenamiento.

Compramos revistas y algún que otro libro. Además del manual del usuario que mencionaba al datassette y la unidad de discos, las revistas de la época no solo mostraban lo que se podia conseguir localmente, en Argentina, sino tambien exactamente donde. Y a qué precio. Bueno, al menos una revista en particular lo permitia: La Segundamano.


Ahi entendí que un datassette era la opción más económica y la mas probable.

Mientras convencía a mis viejos para que me compraran lo que me faltaba, quise hacerles entender lo frustrante que era tipear un programa una y otra vez y no poder guardarlo.
Empecé a buscar fuentes de información, lugares de donde obtener nuevos programas para tipear,tenia el hambre de aprender, y también la necesidad de mostrar que la maquina era inútil sin un medio de almacenamiento.

En medio de esa búsqueda, me encontré con la segunda decepción.

Había tipeado el código del juego de dados, y me puse a modificarlo para que mostrara mas información, que no fuera solamente texto sino que pudiera dibujar los dados en forma gráfica.
Había avanzado mucho, ya tenia resuelta la figura de las primeras 3 caras del dado, cuando me choqué contra una nueva pared, una que no supe resolver dados mis limitados conocimientos,
una que fue decisiva para cambiar el rumbo de mis decisiones: OUT OF MEMORY ERROR?

Este si que era un problema complejo, no sabia como resolverlo. Claro, 12k de memoria en un programa basic de muchas lineas, con graficos, sin conocimientos de como optimizar codigo, o reutilizar rutinas, me hicieron chocar de frente con el borde de la autopista de la información.
Un poco por ignorancia y otro poco por suerte, este factor fue decisivo.

y ahi, muy pegado al segundo golpe, llegó el tercero. La tercera decepción.

Mi mamá había comprado en el kiosco de revistas no una sino dos K64, el numero actual y el anterior que ya lo estaban por devolver. Me ilusioné con encontrar algo de código nuevo, algún programa que mostrara un poco mas que el manual, mas allá de los dados y los círculos
en modo gráfico. Dos revistas, cero programas. Todo articulo que incluía la palabra Commodore se refería en el 100% de los casos a la inalcansable y deseada Commodore 64.

Con 3 argumentos, aunque alguno de ellos tuviera base en mi ignorancia, eran suficientes para plantear el cambio de estrategia. Ya no quería un medio de almacenamiento, no tenia sentido.
Queria una computadora con más memoria. Con más posibilidades, con algo que aprendí con el tiempo que era importante y que fue la raiz de mis decisiones futuras: compatibilidad.
No era facil, tenia que buscar la manera de vender mi Commodore 16, pagar la diferencia y comprar la hermana mayor.
Segundamano fue mi aliada. Puse una publicación gratuita, en una revista de un martes.
Pasaron un par de dias y habia recibido 3 llamados, uno de ellos concretó casi de inmediato.
Alegría, ansiedad, impaciencia. Aprendí que no era tan difícil vender si usabas correctamente los argumentos. Que a la gente le importan los detalles, que es fundamental conservar las cajas.

La Drean Commodore 16 pasó por mis manos muy rápidamente. Me dejó un sabor agridulce. Fue mi primera computadora, en la que aprendí mucho en muy poco tiempo. Me duró menos de 2 meses. Se fue casi en el mismo estado en que llegó, nueva, con todos sus plásticos, caja, manuales. No la pude disfrutar, no la supe aprovechar, mi mente adolescente buscaba otra cosa.

El cuarto golpe fue la Commodore 64. Pero esa decepción la dejo para otro capitulo.