…O cómo seguir jugando sin morir en el intento
Por Matías Guala (@matias_guala)
Si estás leyendo esto y tenés más de 30, probablemente te pase algo parecido a mí. Hubo un momento de la vida en el que jugar era fácil. No porque los juegos lo fueran, sino porque la vida lo era. Tenías tiempo de sobra. Pocas responsabilidades.
Y la única pelea real era que no te apagaran la consola justo cuando estabas por pasar ese nivel imposible. Jugar era sin reloj. Sin culpa. Sin agenda.
Después crecimos.
Y sin darnos cuenta, la tortilla se dio vuelta.

⏳ Cuando el tiempo cambia de lado
Hoy pasa algo raro: muchos adultos tenemos algo que antes no teníamos. El recurso.
Podemos comprarnos el juego, la consola, el joystick, incluso ese gadget que de chicos mirábamos desde afuera.
Pero perdimos lo más valioso: el tiempo.
El trabajo, la pareja, la familia, las obligaciones… todo eso que está bien, que elegimos y que forma parte de nuestra vida, empieza a comerse horas del día casi sin avisar.
Y ahí aparece una pregunta que, aunque no siempre se diga en voz alta, flota:
“¿Todavía está bien jugar?”
🎭 El prejuicio que nunca se fue
Durante años, el gamer estuvo atado a una imagen bastante injusta.
El solitario.
El nerd.
El que no sabe vincularse.
El que no “maduró”.
Y cuando ese gamer pasa los 30 o los 40, el gesto se vuelve todavía más raro. Ese gesto que no dice nada, pero lo dice todo. Como si jugar fuera una falla del sistema.
Ahí aparece rápido el rótulo fácil: síndrome de Peter Pan.
Como si jugar fuera negarse a crecer.
Como si disfrutar algo fuera infantil.
Hay un reel que circula mucho y que a mí me encanta.
Un pibe de unos 25 años mirando su colección de autitos Hot Wheels. La novia lo mira y le dice:
—“¿No tuviste infancia para andar jugando con autitos?”
Y él, sin enojarse, le responde:
—“Infancia tuve. Lo que no tuve fueron autitos.”
No hay revancha ahí.
No hay berrinche.
Hay algo mucho más profundo.
🧸 No es quedarse atrás, es cuidar
Darse gustos de adulto —juegos, juguetes, experiencias— no siempre tiene que ver con quedarse en el pasado. Muchas veces tiene que ver con cuidar.
Cuidar a ese pibe o esa piba que en su momento tuvo límites, carencias o simplemente otras prioridades que no eligió.
No es vivir anclado en lo que fue.
Es integrar lo que sos.
Es decir: “Ahora puedo. Y está bien.”
🤝 El juego como conexión
Hay algo que se dice poco y que para mí es clave: el juego conecta.
Tengo dos amigos de hace más de 25 años. Los quiero un montón. Con suerte los veo dos veces al año. La vida adulta hace lo suyo.
Y tengo otro amigo que conocí hace apenas un año en el trabajo.
Con él juego y charlo prácticamente todos los días.
No somos solo dos personas apretando botones.
Charlamos de la vida.
Nos contamos cosas.
Nos reímos.
Compartimos silencios.
El joystick no nos aísla del mundo.
Muchas veces es el puente.
📖 Cómo jugamos los +30
Tampoco es casual que muchos gamers adultos elijamos juegos de historia.
Queremos relatos. Mundos. Ritmos propios.
No siempre buscamos la adrenalina constante del online competitivo. A veces buscamos sentarnos, explorar, escuchar una buena historia.
Ya no jugamos para correr.
Jugamos para quedarnos.
Para disfrutar el camino.
🏁 Cierre
Desde lo personal, yo elijo esto.
Prefiero no emborracharme todos los fines de semana,
no gastar medio sueldo en cigarrillos
y no apostar plata que no tengo.
A mí déjenme tranquilo…
buscando un animal legendario o un criminal con Arthur en Red Dead Redemption,
tratando de conseguir esa pieza imposible para mejorar mi mesa de trabajo en ARC Raiders,
mientras charlo de la vida con mi amigo Matías —una persona real, no una creación de mi mente—
o planeando el golpe perfecto al banco en GTA.
No es evasión.
Es elección.
Es mi forma de bajar un cambio, de conectar, de estar en paz conmigo.
Y si eso es ser gamer después de los 30…
Entonces sí.
Lo soy.
Y la verdad…
estoy bastante cómodo con eso.
☕ Si te gustó este artículo, podés apoyarme invitándome un cafecito:
https://cafecito.app/mgcontenidos
🎮 ¿Viciamos? Agregame en la Play: ArthurMorganBhi
