Editorial: Road to 2026

Hacia el 2026

Como sociedad hemos convenido que el período natural de un año es un buen lapso de tiempo para que, en el marco de cualquier proyecto, podamos: 1) ponernos objetivos, 2) arrancar con todo y 3) reflexionar sobre cómo nos fue —si lo logramos o no—, hacer los reconocimientos y correcciones necesarias, aprender y crecer; quizás descansar, y finalmente volver a poner la mira en el año que sigue para repetir el proceso.

La actitud es hacer las cosas pensando en que el proyecto será eterno y que, en cada nueva vuelta, podremos plantearnos objetivos superadores. Con este inicio de 2026 volvemos a encontrarnos, justamente, en ese punto 3 del recorrido de una rueda que ya lleva unos cuantos años girando.


¿Qué conclusiones sacamos?

Si nos permiten, los invitamos a hacer el ejercicio juntos. Pero vamos a tomarnos la libertad de mirar un poquito más para atrás, para entender mejor las cosas.

Espacio TEC abrió sus puertas al público tímidamente en 2018, para el Día del Niño, compartiendo la mitad de lo que hoy es nuestra sala de exposición con una feria itinerante de cómics y discos (vinilos, CDs y cassettes).

El objetivo era asegurarnos una circulación de gente relativamente importante, algo que esa comunidad suele mover y que, en términos relativos, fue para nosotros un éxito. Luego, en 2019, comenzamos a abrir gratuitamente una vez por mes.

Banner de la primera apertura de Espacio TEC (2018)

Pero hay dos momentos que queremos rescatar, porque los consideramos especialmente importantes e icónicos.

El primero fue cuando tuvimos que presentarnos en sociedad en una convocatoria de museos, bibliotecas y archivos de informática, en el marco del Simposio Argentino de Historia de la Tecnología e Informática.

Al haberse realizado en 2020 (plena pandemia), se realizó de manera virtual. Sin embargo, nos obligó a mirar hacia adentro y preguntarnos qué éramos, qué queríamos ser y, de alguna manera, a hacer públicas nuestras intenciones como museo, espacio cultural o lo que fuésemos a terminar siendo.

Hace poco redescubrimos el video institucional de cinco minutos que armamos para esa ocasión y nos sorprendió comprobar cuántos de aquellos objetivos básicos siguen hoy vigentes y cuántos, incluso, hemos logrado casi sin darnos cuenta. Pasaron casi seis años.

El segundo momento clave llegó a comienzos de 2025, con la llegada del primero de los seis camiones de mudanza cargados con material donado por el ex Museo de Informática de la Fundación ICATEC, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que había cerrado sus puertas el año anterior. Con la suma de ambas colecciones pasamos a ocupar —hasta donde sabemos— el primer puesto en Latinoamérica en tamaño e importancia.

Tras replantearnos un cambio de nombre que estuviera a la altura de ese nuevo protagonismo, decidimos simplemente agregar “Museo de Informática” al ya existente “Espacio TEC”, que para ese entonces había logrado un fuerte reconocimiento y un sentido de pertenencia muy marcado en la comunidad que nos apoya, nos quiere y a la que tanto nos debemos.

Somos un museo de informática. No de “tecnología”, ni de “ciencia”, ni siquiera solo “de computadoras”. Y, curiosamente, esta afirmación está totalmente en línea con lo que contábamos en aquel video institucional cinco años antes.

Queríamos mostrar computadoras, sí, pero también contar la historia de la información y del cómputo como ciencia e industria; mostrar lo que se hizo en Argentina y en la región; reflexionar sobre su impacto en la sociedad, en todos sus aspectos —positivos y negativos—; y celebrar la creatividad humana.

Quienes llevamos adelante el museo —Espacio TEC (perdón el “Museo de Informática Espacio TEC”… la costumbre)— no somos especialistas en museos y muchos ni siquiera en computación, informática o como quiera llamársele.

La mayoría lo hacemos de manera voluntaria, por amor a lo que nos gusta: algunos sienten pasión por las computadoras, otros por los “jueguitos”, otros por la educación, la preservación, el turismo, o por muchas de esas cosas combinadas. Fuimos aprendiendo en el camino y a los golpes (y vaya que esta ciudad los tuvo) cómo hacer un museo, cómo sostenerlo y cómo hacerlo sustentable. Todavía nos falta, pero se siente muy bien saber que estamos encaminados.

Tener intercambios con otros museos similares del mundo —por ejemplo, para difundir lo que fue la informática en Argentina—; que mucha gente nos conozca en otros países, como en el caso de Brasil, donde otros museos nos toman como referencia; que alumnos de escuelas nos visiten y luego vuelvan con sus familias para mostrarles lo que vieron… Todo eso, y mucho más, nos entusiasma y nos motiva a seguir poniendo horas de nuestro tiempo libre en este proyecto.

Para este año nos esperan grandes cosas: la VCF (Vintage Computer Festival, un concurso de retroprogramación con jurados de primera línea), nuevas exhibiciones en el museo, muestras temáticas y más.

Por eso, gracias. A los voluntarios, a los visitantes, a nuestros patrocinadores, amigos, embajadores del museo, entusiastas y fans que nos siguen. Creemos que el objetivo para este año no es otro que darles más, porque se lo merecen.

Sin ustedes, nada de esto hubiera sido posible.

Sin ustedes, nada de esto vale la pena.


Sebastián Rho
Pancho Manera
Co-directores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *