La IBM PC y la PS/2 en la Argentina

Por Daniel Barreiro (https://satyam.com.ar/blog/)

Hacia la década de 1980, IBM prácticamente dominaba el mercado argentino con sus poderosas computadoras empresariales y sus sistemas satelitales para sucursales.

Las otras marcas que habían competido por ese mercado —especialmente en el sector bancario— se fueron retirando paulatinamente, dejando como vestigios sistemas que pronto quedarían obsoletos y que terminarían forzando el cambio hacia IBM. Atrás iban quedando NCR, Burroughs o Univac, que redujeron su presencia al mínimo, salvo casos puntuales como NCR en el negocio de los cajeros automáticos.

Se decía entonces: “ningún gerente de sistemas va a perder su trabajo si recomienda IBM”. Aunque fuera más caro o tecnológicamente no fuera lo más avanzado, nadie se jugaba la cabeza por algo que no llevara el logo de IBM.

Los bancos tenían lo que entonces se llamaba la mesa de dinero (puede que sigan existiendo; no soy bancario), encargada de intercambiar fondos con otros bancos para cubrir el día a día que incluían préstamos que a veces duraban apenas unas horas. En épocas de inestabilidad financiera, los bancos jugaban constantemente moviendo dinero en busca de oportunidades aquí y allá. Los cambios súbitos en las condiciones de mercado y las reglamentaciones del Banco Central ocurrían a un ritmo que no se correspondía con los tiempos de los desarrollos del área de sistemas de la mayoría de los bancos. Esto permitió que en muchas mesas de dinero aparecieran computadoras personales que permitían implementar esos cambios en pocos minutos gracias a VisiCalc, la primera hoja de cálculo del mundo, que corría en la Apple II. Muchas de estas entraron de contrabando en los bancos (y a veces literalmente de contrabando en la valija de algún gerente en vuelo desde Miami), ya que normalmente la adquisición de cualquier equipo informático requería la aprobación del gerente o director de sistemas. Pero las mesas de dinero movían muchísima plata, y ese poder les permitía saltearse las reglas.

A fines de 1981 se lanzó la IBM PC en los Estados Unidos. La noticia no tardó en llegar a la Argentina, al menos entre los más jóvenes del área de sistemas que recibían la Byte Magazine, que por entonces rondaba las 100 páginas por número. A diferencia de la Apple II, que claramente carecía de un aspecto profesional, la IBM PC no solo llevaba el prestigioso nombre de IBM, sino que además lucía profesional. Pronto otros departamentos comenzaron a querer tener sus propias PCs, y la inquietud fue escalando hasta la gerencia, que consultó a su representante de IBM.

En esa época yo trabajaba en una empresa que importaba e instalaba computadoras personales: primero equipos de 8 bits con procesador Z80 y sistema operativo CP/M, y luego máquinas de 16 bits compatibles con la IBM PC. También estaban las financieras que, si bien ofrecían inversiones y préstamos con menor regulación y mayores intereses que los bancos, muchas veces tenían su verdadero negocio en la trastienda, donde se realizaba el cambio de dólares en el mercado negro. Estas empresas no podían permitirse un gran centro de cómputos —ni lo necesitaban—: les alcanzaba con unas pocas PCs.

Así fue como, gracias a cierto contacto con el mundo financiero, empezamos a recibir consultas de algunos bancos por PCs para resolver necesidades puntuales. De ese modo nos enteramos de que IBM no ofrecía la IBM PC en la Argentina. No solo no la vendían al público en general, sino que se la negaban incluso a sus propios clientes. Admito que desconozco cuál era la política oficial de IBM Argentina, pero sus vendedores dejaban traslucir que la PC era poco más que un juguete para uso hogareño o alguna excusa similar: básicamente, que no era un producto para empresas. De hecho, el propio nombre lo indicaba: Personal Computer, no Professional ni Enterprise Computer.

Hay que reconocer que la PC fue, para IBM, un cambio radical en su política de desarrollo, venta y soporte. Lo que podía ser un experimento manejable en su país de origen resultaba mucho más complejo para sus subsidiarias internacionales, acostumbradas a vender únicamente a grandes empresas. No había producto que no tuviera detrás un equipo dedicado de ventas, capacitación, instalación, mantenimiento y soporte. Todo eso implicaba un costo inicial elevado que, probablemente, prefirieron evitar hasta asegurarse del éxito de esta nueva línea.

Así pasaron casi dos años. Y se perdieron muchísimas ventas. El resto del mercado —incluida la empresa para la que yo trabajaba— no iba a esperar a que la filial local de IBM se decidiera. Para cuando finalmente lo hizo, ya existía una enorme variedad de PCs compatibles: desde equipos de buena calidad distribuidos oficialmente por marcas reconocidas hasta verdaderos rejuntes de gabinetes, fuentes, placas madre, discos y componentes de todo origen.

A esto se sumó la placa de expansión IRMA, que permitía a cualquier PC emular una terminal IBM 3270, el modelo prácticamente universal para acceder a los grandes sistemas centrales de IBM. De ese modo, la misma PC podía usarse tanto como computadora personal —con procesador de texto, planilla de cálculo y demás aplicaciones— como terminal del computador central. Todo a un costo menor que el de una terminal 3270, que solo servía para acceder a lo que ofreciera el sistema central. Más tarde apareció la NORMA, una copia de legalidad dudosa, pero mucho más barata y que, simplemente, funcionaba.

Aunque IBM finalmente comenzó a ofrecer la PC y logró buenas ventas, la demora permitió que el mercado de compatibles se consolidara. Y aunque algunas PCs de marcas inciertas no fueran de la mejor calidad, existía suficiente oferta de máquinas bien construidas como para que IBM no pudiera esgrimir argumentos de fiabilidad, compatibilidad o interoperabilidad. Tanto las PCs compatibles como las placas IRMA —e incluso la NORMA— funcionaban perfectamente.

Además, estos fabricantes tenían ciclos de desarrollo mucho más rápidos que IBM. En esa época se hablaba todo el tiempo de la velocidad de reloj del procesador, la resolución de la pantalla, la cantidad de memoria o la capacidad del disco. La competencia lanzaba PCs cada vez más rápidas y potentes. Y todas usaban el mismo sistema operativo, desarrollado por Microsoft, que IBM comercializaba como PC-DOS y que luego Microsoft ofreció, con mínimas diferencias, como MS-DOS.

Para intentar recuperar ese mercado —al menos entre las grandes empresas, sus clientes tradicionales— IBM lanzó la línea IBM PS/2 (Personal System/2).

Todo el rango de PS/2, desde el modelo 80,la más alta, con espacio para poner varios discos, apta para servidores, al modelo 25, a su derecha, para uso personal con la computadora integrada dentro de la pantalla

La gama PS/2 iba desde el modelo 80, el más alto, con espacio para múltiples discos y apto para servidores, hasta el modelo 25, orientado al uso personal, con la computadora integrada dentro del monitor. Eran equipos de excelente calidad constructiva: no se había escatimado en el espesor de la chapa, pesaban una barbaridad. Buen diseño, elegante. Pero incorporaban ranuras de expansión totalmente incompatibles con las de la PC tradicional y, siempre que fuera posible, todo estaba protegido por patentes para evitar la clonación. De paso, eliminaban a los fabricantes de placas de expansión: IRMA, la placa de video Hércules, placas de red ARCnet (baratas y populares) o Ethernet. Todo debía ser Token Ring, tecnología sobre la cual IBM poseía innumerables patentes.

Con esto, IBM recuperó momentáneamente el favor de los directores y gerentes de sistemas de las grandes empresas, que veían cómo el resto de la organización se abastecía de PCs sin su aval expreso, ya que pocas compañías mantuvieron el requisito de que toda compra informática pasara por sistemas. Volvían a tener el control. Y sí, eran mucho más caras… pero eran IBM.

El alivio duró poco, tanto para los gerentes de sistemas como para IBM. Las PS/2 quedaban obsoletas rápidamente frente al avance imparable de los fabricantes de compatibles. De hecho, fue Compaq quien lanzó la primera PC con procesador Intel 80386. Actualizar una PS/2 cuando finalmente aparecía un nuevo modelo costaba una fortuna, sin contar el tiempo perdido esperando. Y aunque en teoría eran compatibles a nivel de software, algunos programas no funcionaban en PS/2, ya que ciertos desarrolladores habían aprovechado características no documentadas —pero ampliamente conocidas— de la PC o del MS-DOS que ya no estaban presentes en la PS/2.

La PS/2 marcó el principio del fin de IBM en el mercado de las PCs de escritorio. Sobrevivió algunos años más por pura inercia, pero jamás recuperó un liderazgo real. Años después, IBM lanzaría líneas de portátiles totalmente compatibles con el resto del mercado. Finalmente, terminaría vendiendo todo su negocio de computadoras personales a la china Lenovo, que es, justamente, la marca de la notebook en la que estoy escribiendo este artículo.

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